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sábado, 26 de noviembre de 2011

Primer acercamiento a la docencia unversitaria.

Feito se muestra especialmente crítico con la docencia universitaria, argumentando que si bien los profesores investigan sobre la situación de los estudios preuniversitarios a todos sus niveles, difícilmente hacen autocrítica sobre la situación en su docencia universitaria.

El autor argumenta la necesidad de reflexionar sobre la cuestión basándose en dos razones: la primera es institucional y deriva de los cambios en la política educativa universitaria a consecuencia del acceso al espacio europeo de educación superior (EEES) y la segunda se debe a las mismas razones por las que analizamos el resto del sistema educativo, es decir, los cambios que supone el acceso a la sociedad del conocimiento.

Tras esto y basándose en la lógica de la traslación de prácticas de los niveles preuniversitarios a la universidad, Feito lanza un buen número de preguntas, como por ejemplo:
  • ¿Es de recibo que en las facultades no haya un proyecto educativo?
  • ¿Qué tipo de personas queremos formar?
  • ¿Cómo es que no existe un proyecto curricular?
  • ¿Cómo se coordinan entre si las diferentes asignaturas?
  • ¿Nos da igual el tipo de estudiantes que llegan a nuestros centros, qué conocen, y cuáles son sus inquietudes?
  • ¿Qué la preocupación sea el silencio reverencial en el aula, es lógico?
  • ¿Y qué la evaluación no sea colegiada?
Feito no se olvida del carácter no obligatorio de este tipo escuelas, en la que la gente elige titulación teniendo que adaptarse a las peculiaridades de la misma. No obstante señala que esto no debería significar que se ignoren los conocimientos previos, las expectativas y las esperanzas de los estudiantes.

Finaliza el apartado afirmando que el conjunto del sistema educativo se enfrenta al reto de que las fuentes de creación y distribución del conocimiento se han diversificado enormemente, recordando que no es la universidad la única encargada de tal cometido.




¿Estamos satisfechos con el tipo de docencia que (en general) recibimos en nuestra Universidad?

viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Qué tipo de ciudadano esperamos de la Universidad?

Creo que a estas alturas ya somos conscientes de la suma importancia de la Educación a todos los niveles, de su poder formativo e ideológico, de ahí que sea más que importante hacernos la pregunta que aborda este apartado.

Comienza Feito señalando el hecho de que tanto en la reforma como en la contrarreforma educativa, se ha pasado por alto el hablar y debatir sobre que entendemos por ciudadano educado en el contexto del cambio de siglo.

Feito comenta el gran privilegio que posee la Universidad, ya que determina en gran medida el tipo de persona, de ciudadano, desea que sean los futuros profesionales y científicos. Esto se debe a que la Universidad, aunque no es la única, sí es la principal institución encargada de formar profesionales productores de ciencia y de nuevos conocimientos tanto dentro como fuera de sus aulas.

No olvida además, un dato que aunque pueda parecernos curioso, o en parte desencasillado, es real, y es que han sido varios los científicos que a lo largo de la historia han usado sus conocimientos para “hacer el mal".

Habla Feito de cómo los sectores críticos sobre el EEES manifiestan que en este prepondera una visión productivista de la universidad, aunque el informe Tunnig (paradigma de tal enfoque según sus críticos) afirma que: “La consideración de educación para el empleo tiene que marchar paralela a una educación para la responsabilidad como ciudadano…, es esencial también facilitar el acceso de todos los individuos a la educación”.

Para acabar con este breve apartado Feito comenta como en las jornadas de orientación para estudiantes que organizan las universidades se explica la propuesta de acudir a la Universidad no sólo a por un título y los consiguientes saberes especializados para ejercer una profesión sino también para formarse como ciudadanos cultos, capaces de elaborar opiniones fundamentadas en acontecimientos.

¿Qué tipo de Educación hemos recibido (o estamos aún recibiendo) durante nuestros estudios? ¿Es lo que esperabais? ¿Es la adecuada? ¿Muestra alguna intencionalidad? 

jueves, 24 de noviembre de 2011

Las exigencias desde el ámbito de la producción.

Sin duda el ámbito profesional, el lograr un trabajo, es objetivo prioritario y fundamental en la sociedad en que nos contextualizamos (más aún si cabe en nuestros días, en los que nos encontramos en una situación de crisis que eleva las tasas de paro a cifras más que preocupantes)

Este breve apartado no hace sino mostrar la preocupación de Feito al respecto y señalar cuales son las carencias que los empleadores observan en los futuros trabajadores, y en cual es el perfil idóneo que éstos deberían tener., en definitiva las nuevas capacidades y aptitudes, o por decirlo con un término más actual, competencias.

Apunta Feito el hecho de que los empleadores tengan demandas específicas con respecto a la educación universitaria.

Por ejemplo, la Mesa Redonda de Empresarios en un documento de 1977, explica como los futuros trabajadores y trabajadoras no tienen carencias formativas en cuanto a un tipo determinado de contenidos, pero sin embargo tienen déficit en habilidades como el trabajo en grupo, la toma de decisiones, la asunción de riesgos, el sentido de iniciativa y creatividad y la curiosidad.

En la misma línea se expresan los profesionales del sector de la tecnología, añadiendo estos la necesidad de adquirir capacidades personales, agudeza para entender a los clientes, comunicación con sus compañeros y conciencia de las diferencias culturales.

Termina Feito señalando que sin embargo, seguimos funcionando con un esquema basado en la resolución de problemas ya resueltos de antemano. Habla además de la “posibilidad” de crear un código deontológico del profesor universitario en el que constaran cosas tan elementales como que no se puede ir a clase a leer apuntes, por poner un ejemplo.




miércoles, 23 de noviembre de 2011

La docencia universitaria actual

Hace uso Feito de hemeroteca (El País), para explicar en palabras de Ignacio Sotelo cual debe ser la misión del profesor (enseñar a preguntar, orientando el trabajo y promoviendo el desarrollo intelectual y científico de los alumnos, siendo fundamental el diálogo personal), y de la Universidad (no repetir lo que ya se sabe, lo cual ya está en los libros, sino enseñar a preguntar).

El problema, según señalaba Vicente Ortega, es que la formación pivota en torno a asignaturas diseñadas a partir de los intereses de los profesores.

Remarca Feito las consecuencias de tal planteamiento, que no son otras que la acumulación de contenidos, y currículos muy densos que convierten el trabajo del estudiante en un ejercicio de mera repetición, ahogando y delimitando estrechamente el desarrollo de la creatividad.

La creatividad tiene una característica esencial, y es que al no ser una asignatura ni una disciplina, no se puede enseñar, sino que se aprende dependiendo de las condiciones en que se desarrolle la enseñanza. Además, la creación requiere de libertad, y de reflexión, por tanto de tiempo. El único modo de fomentar la creatividad es innovando en los contenidos curriculares y en las metodologías de formación.

Habla Feito de la denominada transmisión unidireccional de información (acordándose en este punto de Freire) que únicamente favorece la acumulación de datos y hechos. Este tipo de docencia apenas estimula el pensamiento propio o el cambio de actitudes.

El autor hace una interesantísima reflexión al respecto ya que como él dice “escuchar a un ponente supone dar por supuesto que todo el mundo precisa la misma información, presentada al mismo ritmo y sin apenas diálogo con quien la presenta”.

Posteriormente Feito compara una ponencia con la lectura, a la que define como “el reino de la libertad”, no faltándole razón, pues al leer, es uno mismo quien elige el ritmo, quien hace hincapié en determinados aspectos, quien subraya, etc. (Señala también que desde hace un tiempo se está perdiendo el hábito de la lectura).

Habla Feito también de la heterogeneidad de la Universidad, sin prescripciones curriculares comunes,  de ahí que sea difícil saber el porcentaje de la docencia universitaria que basa su modelo en la palabra del docente. Pese a ello se “sospecha” que buena parte  de la actividad en las clases consiste en la toma pasiva de apuntes (basta con pasarse por la bibliotecas universitarias para confirmar dichas sospechas).

“Quizás con este sistema lo que realmente estamos haciendo es enseñar. Sin embargo, lo que casi con toda seguridad no hacemos es que los estudiantes aprendan”. Así de tajante se muestra a la hora de criticar el modelo unidireccional de información.

Feito no cierra los ojos y nos ofrece la oportunidad de conocer a través de su texto la postura de autores como Francisco Bustelo o Pedro Álvarez Martínez, que por el contrario achacan el uso de este modelo a la poca preparación de los estudiantes, a la irresponsabilidad, al desinterés, etc.

Sin embargo, cree que esta postura simplemente echa balones fuera. A su modo de ver, más que poner el acento en las muchas y graves insuficiencias de los estudiantes, habría que centrarse en lo que funciona mal en nuestro sistema educativo (a todos los niveles). 



martes, 22 de noviembre de 2011

Hacia qué escenario nos dirigimos

Apunta Feito, que modificar las prácticas docentes de nuestra universidad es algo que costará mucho, y que ya está empezando a levantar resistencias desde el mismo momento en que simplemente se plantea.

La preocupación por la docencia universitaria es leve, (en los estudios preuniversitarios sí se generan debates en torno a la educación).

Es frecuente que las universidades regalen quinquenios de docencia a sus profesores. Y que lo que cuente, sean básicamente las publicaciones y la investigación (el conocimiento de la materia), además del nepotismo en su caso.

No pasa Feito sin criticar en este apartado la actitud de algunos de los que él llama, padrinos de las reformas educativas pre-universitarias, como Álvaro Marchesi, con cuyo criterio, la docencia universitaria no puede ir más allá de la representación teatral, dado que las aulas tienen más de noventa alumnos.

Feito le contesta, que si tuviera la paciencia de leer sobre la docencia universitaria, vería que, incluso con las cada vez menos frecuentes aulas pobladas, es posible encontrar alternativas al teatro.

Finaliza diciendo, que no debemos pasar por alto, que frecuentemente la Universidad es el espejo en que se reflejan los demás docentes, especialmente los de secundaria.

¿Crees que la docencia universitaria es un teatro? ¿Crees que podría ser... algo más, o que con el actual número de alumnos no se puede hacer nada?